Hospitality
Bar Salitre
Lo importante es el producto

Cuando empezamos a investigar sobre cómo hacer un bar de pescado,  enseguida nos dimos cuenta de que lo importante era el alma del sitio. Al fin y al cabo el mar es alma pura, la gente del mar lo lleva en la sangre.

En los bares de toda la vida, esos a donde vas para comer pescado, lo de menos es la decoración. Esto es así, no hay nada cuidado en extremo, salvo la higiene por supuesto, y esa maravillosa forma de saber freír. Coincidía con lo primero que nos contaron los dueños de su nuevo bar, “lo importante es el producto, no la decoración”.

En las pescaderías de toda la vida, la vista se va al producto. No encontramos nada que distraiga al cliente de lo realmente importante. Así que pensamos que probablemente, en esta propuesta, la mejor actuación fuera la no actuación. Es decir, materiales neutros e higiénicos: el azulejo blanco rectificado en revestimientos, el blanco en general, y  el acero inoxidable en frentes, traseras, lámparas, pesos, etc. En resumen, materiales lavables y que simplemente acompañan. Y luego, por supuesto, pequeños guiños que te recuerden a esos espacios con alma, como los rótulos, las básculas, las bandejas de plástico.

Teniendo esto como premisa fundamental, había un segundo requerimiento importante para el usuario final y consumidor. Convertir ese espacio diáfano y frío en un espacio acogedor. Efectivamente, el tamaño del local no se correspondía en absoluto con los pequeños bares y pescaderías de toda la vida, donde el tamaño acompaña. Y a esos materiales fríos les pusimos como contrapunto extremo la calidez de otros muy nobles, las maderas, los textiles, y las rejillas.

En toda experiencia sensorial de un espacio la visión es lo primero que percibimos. En el diseño de la distribución de un bar hay algunos puntos principales en torno a los cuales solemos articular el resto, convirtiendo el espacio diáfano y frío del origen en una multiplicación de espacios cálidos y de recogimiento que invitan a la estancia y a consumir durante un rato. Pescadería de toda la vida, pero con la huella amable que siempre deja el Salitre.

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